   Cual deja el ruiseñor la enamorada
doncella de quien fue cautivo un día,
trocando por el valle en que vivía
tiernos halagos y prisión dorada,

   tal dejo yo vuestra amistad preciada,
dulce consuelo de la pena mía,
mi libertad buscando y mi alegría,
únicos bienes de mi edad cansada.

   Pronto entre brumas al perder el puerto
soñaré con el puerto suspirando
de las iras del mar término incierto:

   ¡Voy a partir! Los que me habéis amado
recibid estas lágrimas que vierto;
¡No tiene más que dar el desterrado!