   No lo quiero saber, no me lo cuentes;
pasó lo que pasó y estoy sereno;
me importa poco que en tu blanco seno
aniden ruiseñores o serpientes.

   Deja a su antojo murmurar las gentes
a cuya lengua nadie puso freno,
¿me calumnia? mejor; ¿me envidian? bueno,
siempre el mar se burló de los torrentes.

   ¿Quién del vino que liba entusiasmado
la pureza y el mérito contrasta?
Tu vino era exquisito; lo he probado.

   Y aunque es, dicen, la vid de mala casta,
las horas que el amor nos ha durado
¿no hemos sido felices? Pues ya basta.