   Si hubo una edad en que por vil flaqueza,
envidia ruin o miserable saña,
entre los hijos de la noble España
levantó la discordia su cabeza,

   hoy que la nube a disiparse empieza
y el mismo sol de libertad les baña,
unidos todos lograrán la hazaña
de restaurar su nombre y su grandeza.

   Del Ebro al Orinoco, del Yapura
al Tajo, de la Plata al manzanares,
el iris de la paz doquier fulgura:

   ¡Paz! resuena en discursos y cantares;
y en ofrenda de amor sublime y pura,
¡Paz! repiten los montes y los mares.