   ¡Dejémosles pasar! No con impías
promesas vanas, que el honor condena,
turbemos otra vez la paz serena
que hallaron en sus tumbas, hoy vacías.

   Duerman en calma las cenizas frías
a cuya gloria se atrevió la ajena,
y como arrastra el siervo su cadena,
arrastren su infortunio nuestros días.

   No durarán columnas ni trofeos,
ni lápidas, ni bronces, ni diamantes,
lo que duran Virgilios y Tirteos,

   y ya cerca se miren, ya distantes,
el pedestal que achica a los pigmeos
nada puede añadir a los gigantes.