   De las amargas olas de tu llanto
nacieron las espumas de tu risa,
y hoy no distingue el ánima indecisa
lo que es en ti gemido y lo que es canto.

   Ya del austero Bruto con el manto,
ya de Marcial siguiendo la divisa,
del tiempo, que de ti se aleja aprisa,
eres admiración, gloria y encanto.

   Bajo los dardos de tu ingenio agudos
el vicio y la maldad doblan las frentes,
hay jueces sordos y tiranos mudos;

   que tal fue tu misión entre las gentes,
ir por la tierra con los pies desnudos
aplastando cabezas de serpientes.