   No por ti, por la patria vierto llanto,
que apurando miserias y dolores ,
ve caer uno a uno, los mejores
hijos que fueron su placer y encanto.

   Roto en jirones el purpúreo manto,
la sien orlada de marchitas flores,
del genio ante los últimos fulgores
muda se inclina con terror y espanto.

   ¡Ay, los dioses se van! dijo un poeta,
y gracias si en la noche del olvido
se agita alguna vez su sombra inquieta.

   Si en mi tiempo, Bretón, hubiera sido,
dijera el vate la verdad completa:
«¡Los dioses no se van, no! ¡Ya se han ido!»