   Dicen que el Tracio fue tan inspirado
poeta, que al tañer su blanda lira
llevaba en pos de sí (¡dulce mentira!)
la selva, el arroyuelo y el collado.

   ¡Vate, no tú, por vates sublimado!
Aquel cisne divino cuando expira
el sí, por más que el báratro conspira,
se atrajo el universo consternado.

   Al resonar su postrimer acento,
despierta el mar y airado se incorpora
enviando a las estrellas su lamento;

   el Infierno sus pérdidas deplora;
treme la Tierra en su hondo firmamento,
y en luto el cielo con los astros llora.