   Espejo de lealtad, flor admirable,
que inmoble y a la par en movimiento
saludando de Febo el nacimiento,
a su ocaso le sigues invariable.

   Es tan fino tu amor inimitable,
que si envuelto en su manto ceniciento
esquivo se levanta y soñoliento,
a través le contemplas siempre amable.

   Si al amante Jesús, mi sol divino,
que me busca y me acecha enamorado,
como tú al luminar amara fino,

   no me helaría al verlo disfrazado,
con capuz ingenioso y peregrino
esconderse de mí Sacramentado.