   Hay en mi seno voces interiores
jamás por los mortales escuchadas;
que oyéronlas tan sólo a las vagadas
los dioses convertidos en pastores.

   Al ritmo de mis plácidos rumores
cruzaron por mi senda nunca holladas,
y los seguían Faunos y Dríadas
ciñéndoles de lauro, mirto y flores.

   Su flauta el viejo Pan dejó escondida
donde habitan mis genios tutelares,
que es del misterio y del amor manida;

   mas robado me fue; y hoy sus cantares
se desbordan en hálitos de vida
resonando por montes y por mares.