   Al volver al lugar de mis amores,
tras una ausencia por demás penosa,
me buscaron en turba presurosa
deudos, amigos, siervos y señores.

   Nunca pude esperar tales favores;
jamás soñé acogida tan hermosa;
hicieron de mi vuelta una gran cosa;
¿dónde, cómo y por qué tantos honores?

   Todos, cuál más cuál menos, ya en sencillas
frases o ya entre rasgos de elocuencia
me dieron un saludo a maravillas.

   Mas lo que me causó gran complacencia
fue la banda de azules campanillas
de mi balcón... temblando a mi presencia.