   Cubre negro crespón el firmamento,
riñen los mundos infernal batalla,
embravecido el mar rompe su valla
y silba desatado y seco el viento.

   De las piedras escúchase el lamento,
el trueno airado zumba, el rayo estalla,
y, temblando la cruz en que se halla,
lanza el Hijo de Dios su último aliento.

   En medio del desorden y la muerte
preséntase la Madre dolorida
y en sus brazos recoge a su hijo inerte;

   y lo oprime y lo besa estremecida
cual si le fuese dada tanta suerte
que pudiese otra vez darle la vida.