   ¡Ya no existe Jesús! Pesada losa
aprisiona sus lívidos despojos.
¿Y María? Doquier lanza los ojos
halla la soledad más espantosa.

   Al ver tal duelo, la encendida rosa
temblando oculta sus colores rojos,
y al presenciar el ave sus enojos
pliega el vuelo y se oculta silenciosa.

   Todo ofrece señales de tristeza:
desde el negro crespón del firmamento
hasta el frío tapiz de la maleza

   se oye con voz sin timbre este lamento:
-Si así siente la gran naturaleza,
¿quién mide de María el sufrimiento?