   Todo inspira doquier duelo y pavura:
el sol que apenas arde, el triste acento
del aire enrarecido, y el lamento
de Jesús en la calle de Amargura.

   Rompiendo de la turba la espesura,
ya sin color y casi sin aliento,
cual paloma impedida por el viento
corre hacia el Salvador la Virgen pura.

   Anhelosa lo llama a su regazo,
y, aunque a entrambos el paso se les cierra,
al fin se funden en estrecho abrazo;

   y el miserable pecador se aterra,
sin saber que ese nudo es un abrazo
que sen dan hoy los cielos con la tierra.