   Obedeciendo celestial aviso,
con alma triste y con el cuerpo yerto,
la Sagrada Familia huye al desierto,
sin prepararse ni lo más preciso.

   En su curso anhelante e indeciso,
siempre a sus ojos el abismo abierto,
cuando es su rudo parecer más cierto
exclama resignada: -Dios lo quiso-

   ¡Flor la más delicada de las flores!
¡Oh Virgen! ¿Cómo puede tu ternura
sufrir de tanto daño los rigores?

   Mas ¡ay! el cáliz de vapor apura...
¿Qué sería sin eso tus dolores
de aquesta miserable criatura?