   -¿Habéis visto al amor del alma mía?-
pregunta a todos con afán prolijo
al verse sola sin su amado hijo,
la tan afligidísima María.

   Un vértigo de amor sus pasos guía
y busca por doquier sin rumbo fijo,
y no hay calle ni plaza ni escondrijo
que se cierre a su bárbara agonía.

   Sapientísima y alta Providencia:
¿do está Jesús que no oye tanto duelo?
¿qué lugar santifica su presencia?

   Vedle en el templo: esparce con anhelo
las primeras semillas de una ciencia
que puede hacer de nuestro mundo un cielo.