   Ecos fugaces de la selva umbría,
murmullos de arroyuelos bullidores,
suspiros de canoros ruiseñores,
confusas notas de la mar bravía;

   los que auxiliasteis a la lira mía,
al cantar de la Virgen los dolores,
recibir de mi pecho los favores
que os devuelvo dichoso en este día.

   Tú, Madre celestial, a cuyo manto
se acoge el triste trovador sincero;
recibe con amor mi pobre canto.

   Yo, en la empresa, feliz me considero;
pues si pensé morirme al ver tu llanto
eterna vida por tu llanto espero.