   El postrer rayo de la luz fulgura,
y en las vagas penumbras misteriosas
las dolientes campanas quejumbrosas
sollozan la canción de su amargura.

   Incubando tesoros, a la altura
se yerguen las montañas silenciosas,
y deshoja el crepúsculo sus rosas
sobre las cumbres de nevada albura.

   Y así como el crepúsculo derrama
los pétalos rosados de su llama,
-mientras lanzan los bronces su gemido-,

   en las gélidas nieves de las cimas
yo deshojo las «Rosas» de mis rimas
sobre la helada frente del Olvido.