   Con el firme tentáculo rugoso,
a un sombrío fragmento que le signa
sobre el suelo su mundo, se resigna,
infinito y soberbio en su reposo.

   Penitencia aprovecha del coloso
para hacer fugaz céfiro la indigna
burla inquieta y sutil, que suave asigna
un mohín a su fronda sigiloso.

   Y es el agua también, en su pasada,
que al mofarse del térreo enclavamiento
recrudece su estancia anquilosada.

   Mas consciente el ombú del valimiento,
nunca vio por el viento derribada
su corteza, y al agua hace alimento.