   Ampulosa y anárquica prodiga
en el suelo su piélago cruzado,
un alfombra verdusca, denso prado,
bajo el pie quebradizo de la espiga.

   De los suelos tenaz y fina amiga,
bajo el sol prolifera y a su lado
en lo oscuro, con parche abigarrado
que del mundo retazo no desliga.

   Y de calma se viste, portentosa,
embriagando de paz enardecida
toda vista en su parche que se posa.

   ¡Pues que umbría la tierra y consumida
se vería si el manto que la acosa
no cubriese la muerte con su vida!