   Apartidas, el viento y aguacero,
desconocen impuesto enclavamiento
del humano, que fija el nacimiento,
y cercena del hombre libre fuero.

   Mas el cielo sin dueño, aventurero,
da el consejo cautivo de su viento,
sobre el agua, indómito sustento,
a los tímpanos blancos del velero.

   Pues natura en su díscolo deseo,
con sus manos, apartidas, furtivas,
desmenuza la ley del papeleo;

   quía al nómada en tránsito de vida,
desechando las normas decisivas
sin que número humano se lo impida.