   Señor, yo creo en Ti; sé que tu mano
me arrancó de la nada; que tu acento
calma y encrespa al mar, desata el viento,
hunde la cumbre y agiganta el llano;

   que es sombra de tu paso soberano
toda la luz que esmalta el firmamento,
que lees el porvenir y el pensamiento
y que igualas al siervo y la tirano.

   Nada existe que olvides o que ignores.
la hoja del árbol por tu voz se mueve
y Tú ahuyentas o excitas los dolores,

   ¡mas sé también que nunca te conmueve
mirar mi corazón, lleno de amores,
siervo de un corazón lleno de nieve!