   ¿Anhelo!... ¡Caro anhelo! No hay un día
que no vengas torturas a traerme
y a despertar el ruiseñor que duerme
en el jardín azul del alma mía.

   No vengas a aumentar mi fantasía
ni en vanas ilusiones a mecerme;
deja que pase mi existencia inerme...
Anhelo, no exacerbes mi agonía.

   Que es maldición que -nuevo Prometeo-
al Caúcaso fatal de mi deseo
encadenado viva, y mis entrañas,

   -nidal de mis románticos lirismos-
haciendo su festín en los abismos,
las devoren los buitres y alimañas...