   ¿Te acuerdas? bajo el palio azul-turquí del cielo
marchábamos unidos; y la dulce belleza
del vesperal paisaje, nos trajo la tristeza
de nuestras pobres vidas señeras, sin consuelo.

   Un tapiz de esmeralda perfumado en el suelo;
Filomena brindaba alegre su riqueza.
Nos miramos muy cerca. Tu voz, toda terneza,
tremaba ardiente, y suave como de terciopelo.

   -¡Quiéreme mucho, amor mío! ¡Quiéreme mucho!
Exoraste en acento que todavía escucho.
Tembló de envidia y celos una encarnada flor

   que al borde del camino lloraba sus agravios.
Yo te besé en la rosa sangrante de tus labios
consagrando aquel beso nuestro divino amor...