   No castas hermosuras ni rostros de princesa,
ni ojos donde brille la luz de la ilusión.
satánicas beldades, perfiles de faunesa,
y trágicas pupilas de ángel en rebelión.

   No bocas ideales de sonrosada fresa
en donde tiemble el ósculo gentil de la pasión.
Boca sensual y lúbrica que muerde cuando besa
con labios encendidos, -flores de tentación-.

   Amores ardorosos, vibrantes y soberbios
de donde brote el canto sonoro de los nervios,
hechos de fibra y fósforo, de médula y de luz.

   Y sea nuestra musa como un súcubo pálido
que ahogue nuestras vidas entre su abrazo cálido
mientras sucumbe el Sueño clavado en una cruz.