¡Oh eterno amor, que, en tu inmortal carrera
das a los seres vida y movimiento,
con que entusiasta admiración te siento,
aunque invisible, palpitar doquiera!

   Esclava tuya la creación entera,
se estremece y anima con tu aliento,
y es tu grandeza tal, que el pensamiento
te proclamara Dios, si Dios no hubiera.

   Los impalpables átomos combinas
con tu soplo magnético y fecundo;
tú creas, tú transformas, tú iluminas,

   y en el cielo infinito, en el profundo
mar, en la tierra atónita dominas,
Amor, eterno Amor, alma del mundo.