   Cuando de tus desórdenes testigo
te sorprendo en los brazos del tumulto,
¡oh Libertad! , avergonzado, oculto
mi rostro y sollozando te maldigo.

   En lucha interna y desigual conmigo
arráncame el dolor airado insulto:
quiero olvidarte, abandonar tu culto,
y ciegamente a mi pesar te sigo.

   Te sigo a mi pesar. Sueño o quimera,
riges mi voluntad, llenas mi vida
y dejaré de amarte cuando muera.

   Eres como la hermosa fementida
que inspira al alma la pasión primera:
cuanto más inconstante más querida.