   Amores y apacibles desvaríos
que encendisteis la sangre de mis venas,
ya tan lejanos de mi edad, que apenas
tengo valor para llamarlos míos,

   surgid de mi pasado, y luego hundíos
en el profundo abismo de mis penas,
como las ondas claras y serenas
que en el inmenso mar vuelcan los ríos.

   Rasgad la negra noche de mis males
cual atraviesa repentino lampo
las nubes más cerradas y sombrías.

   Y ser como las lluvias otoñales,
que hacen brotar en el desnudo campo,
quemada por el sol, flores tardías.