   La caravana por camino incierto
con recelosa indecisión avanza,
temiendo a cada paso la acechanza
de las nómadas tribus del Desierto.

   Por todas partes el espacio abierto
se pierde en fatigosa lontananza,
y donde quiera que la vista alcanza
todo está triste, desolado, muerto.

   Ni verde selva, ni azulado monte
el mar limitan de infecunda arena
en que el dócil camello hunde su planta,

   y sólo al fin del diáfano horizonte,
brillando al sol, inmóvil y serena,
la misteriosa esfinge se levanta.