   Sembrado está de huesos, que calcina
sol inclemente, el árido contorno,
y por el aire, ardiente como un horno,
no cruza ni una humilde golondrina.

   Alza polvo sutil densa neblina
de la cansada caravana en torno,
que, rindiéndose al peso del bochorno,
con soñolienta postración camina.

   Nada su sed inextinguible aplaca,
ante se irrita más, cuanto más finge
gratos oasis el febril anhelo.

   Y en la remota línea se destaca
la gigantesca mole de la Esfinge,
impenetrable y muda como el cielo.