   Buscando alivio a sus atroces penas,
en su camello el árabe dormita;
mas ¡ay!, de pronto se incorpora y grita
y siente hervir la sangre de sus venas.

   Es que el simum, rompiendo sus cadenas,
oscurece la bóveda infinita
y con terrible convulsión agita
el vasto mar de líbicas arenas.

   El monstruo asolador todo lo arrasa,
arrolla en desatado torbellino
la caravana sin ventura, y pasa.

   Y cuando vuelve a sosegarse el llano,
allá, ciega y brutal como el Destino,
cota la Esfinge el término lejano.