   ¡Oh claridad del alba, precursora
de un día inesperado! Tú viniste
a libertad a Adán de aquella triste
noche, con el pecado, abrumadora.

   Despiértase la vida, el sol colora
la tierra, el ciclo de fulgor se viste,
y en jubiloso coro cuanto existe
canta el himno sublime de la aurora.

   Desde que, envuelto en santa poesía,
un rayo matinal tenue y fecundo
calmó de nuestros padres la agonía,

   para el mísero, el pobre, el moribundo,
en el primer destello de aquel día,
¡tú, Esperanza inmortal, bajaste al mundo!