   Eva, por la serpiente seducida,
cede al funesto ardor que la devora
y vuelve a Adán, confusa y tentadora,
de su belleza virginal vestida.

   Por gustar de la fruta apetecida
que despierta sus ansias en mal hora,
suplica humilde, apasionada llora
y en su inquietud febril de Dios se olvida.

   Fuego devorador y repentino
de Adán enciende el contenido celo
y abre a su infausta rebelión camino.

   Y cuando, en lucha con su propio anhelo,
sucumbe al dulce halago femenino,
va el sol llegando a la mitad del cielo.