   En la bóveda azul, antes sombría,
el fulgor de la gloria reverbera,
y es el mundo en su breve primavera
todo amor, todo paz, todo armonía.

   ¡Con qué infantil y extática alegría
alzan su vista a la insondable esfera
Eva y Adán, cuando por vez primera
abren los ojos a la luz del día!

   Rinden al hombre, sazonado fruto
la tierra, el cielo su vital fluido,
música el bosque y obediencia el bruto.

   Todos vienen a un signo de su dedo:
que, en brazos del dolor, aún no ha nacido
de las entrañas de la culpa el miedo.