   Cuando el ánimo ciego y decaído
la luz persigue y la esperanza en vano;
cuando abate su vuelo soberano
como el cóndor en el espacio herido;

   cuando busca refugio en el olvido,
que le rechaza con la helada mano;
cuando en el pobre corazón humano
el tedio labra su infecundo nido;

   cuando el dolor, robándonos la calma,
brinda tan sólo a nuestras ansias fieras
horas desesperada y sombrías,

   ¡ay, inmortalidad, sueño del alma
que aspiras a lo infinito!, si existieras,
¡qué martirio tan bárbaro serías!