   Tú nos recoges al nacer, y en vano
es luchar contra ti. Nunca vencido,
la vida universal siempre ha gemido
sujeta la férreo yugo de tu mano.

   ¡Ah!, si en la inmensidad tu soberano
poder, sobreponiéndose al olvido,
el llanto condensase que ha vertido
desde su origen el linaje humano;

   si la lóbrega nube reventara
y bajo su espantosa pesadumbre
en lluvia torrencial se desatara,

   tocando el mundo en su postrero día,
el diluvio de lágrimas, la cumbre
de los más altos montes cubriría.