   A todo literato que es plagiario,
opino que lo zurren como a un quinto,
y el ministro que juegue al par y pinto,
suele luego jugar lo del Erario.

   La cabeza de todo secretario
viene a ser un confuso laberinto,
y abogado que toma vino tinto,
vende luego su cliente a su contrario.

   Una mujer coqueta es una arpía,
y es un ruin badulaque, es un bolonio,
el que encomia su vil coquetería.

   Y llevar una suegra al matrimonio,
que nos muela de noche y todo el día,
es llevar por los cuernos al demonio.