   Tengo, señores, el cabello rubio,
una frente en que cabe un buen escaño.
Y dos ojos que son si no me engaño
del color de las llamas del Vesubio.

   Es larga mi nariz como el Danubio,
mis orejas también de igual tamaño,
y caben en mi boca, que es un caño,
todas las aguas que hubo en el diluvio.

   El color de mi rostro es encarnado,
no tengo barbas, ni tenerlas creo;
soy de talla gigante y muy delgado.

   Y siendo, como soy un hombre feo,
de mujeres bonitas hay atajos
que incansables me roen los zancajos.