   Después de ser para el estéril huerto
preciosísimo germen de primores;
y, esquivando de Febo los ardores
más de un cáliz logro dejar abierto...

   Después de levantar seguro puerto
que la fiebre extinguió de mil dolores;
y, a costa de inhumanos sinsabores,
hizo brotar la planta en el desierto...

   En su choza infeliz mira el quebranto;
el hambre, el torcedor, la desventura:
¡terrible cuadro de dolor y espanto!

   Y, como premio a la misión más pura,
siente en sus tristes párpados el llanto
en la noche sin fin de su amargura.