El violonchelo sufre más que el violín; la viola
lo sabe y no lo dice cuando se lo pregunto:
se lo veda la divagación del contrapunto
que su motivo o sabia complejidad inmola.

El violonchelo dijo su leitmotiv, y sola
predominó en la orquesta su angustia; mas al punto
los cobres la envolvieron en escándalo, y junto
a sus discretas quejas abrieron las corola.

El violonchelo sufre más que el pausado trío
cordal que glosa su alma (¿verdad, Rubén Darío?)
y será salvo a causa de sus penas divinas;

mas seguirá llorando su aspiración ignota,
mientras que en el pentagrama de Dios no hay una nota
que por él morir quiera coronada de espinas.
