   Ha cerrado la noche sobre la playa sola
y es ahora solemne el silencio del mar;
sólo, de cuando en cuando, el vaivén de una ola
rompe el hondo silencio de la noche lunar.

   Fulgen sobre las aguas veinte luces de anclados
bergantines, de mástiles que hienden el azul;
y se escucha un chis chas de dos remos cansados
que vibran a compás, bajo el nocturno tul.

   Brincan sobre la playa, rasgadas en vellones,
las olas, como Ondinas cazadas por Tritones,
que ajustaran a un ritmo su canción pertinaz.

   La costa luce incierta; el viento pasa y gime;
y, al suave movimiento que el viento al mar imprime,
se balancea una barca en lánguido compás.