   Sobre el plafón lejano de la costa sonora
la madrugada empieza a dibujar su flama,
y el primer resplandor, rosado, de la aurora,
en el ónix del cielo proyecta blanca llama.

   El horizonte opaco, bajo la madrugada,
toma un color de ópalo con vetas escarlata;
y el arrecife abrupto de la costa extenuada,
lleno de claridades, parece que es de plata.

   Del ábside que forman dos nubes, como una
caracola marina se retuerce la luna,
arrojando en las olas su fúlgido cendal.

   Sopla el viento pausado en su flauta marina,
y, suavemente, toda la costa se ilumina
bajo la deslumbrante luz del alba coral.