   El cielo luce envuelto entre cerúleos tules
y en el lejano anillo del mar surge la aurora:
todos los horizontes están blancos y azules
y en la costa la turbia neblina se evapora.

   Los pescadores, mozos llenos de bizarría,
preparan las barquillas sobre la playa angosta,
y el sol hace, de luces, roja polifonía
sobre el húmedo y negro rocaje de la costa.

   Dentro de poco todas las frágiles barquillas
harán rumbo a la mar, como gaviotas blancas,
y quedarán de nuevo desiertas las orillas.

   Luego vendrá la tarde, suave, tranquila y fresca,
y otra vez a la playa saldrán las mozas francas
para aguardar las barcas que llegan de la pesca.