   ¡Oh, costas escarpadas de apariencia bravía,
bien arrulladas siempre por el canto del mar;
costas del mar del Trópico, costas del Mediodía
que estáis contra las rocas en constante luchar;

   costas que desde luengo y nebuloso día
arrulláis con el mismo, monótono cantar,
y conserváis, en cada yerma gruta sombría,
recuerdos de naufragios en noches de pesar!

   Sobre la arena limpia de vuestra playa quiero
sentarme a descansar, cual viejo marinero,
remendando las redes de mis sueños sombríos...

   Viendo como restalla la ola embravecida;
y como, sin sentirse, va pasando la Vida,
como pasan de viaje remoto los navíos...