   Finge un botón de acero empavonado,
lleno de gris y oscura luz ambigua,
que despide un reflejo abrillantado,
prendido en tu ideal sortija antigua.

   Aún de su matiz ensombreado
no cuaja en su interior la luz exigua,
sino que irradia y brilla, iluminado,
y su belleza lírica atestigua.

   Como rosa de acero, peregrina,
en tu extraña sortija bizantina,
a extraño insecto disecado iguala.

   Y es en tu mano, de oro y nácar pura,
como un botón de acero, en la blancura
impecable y lunática de un ala.