   Nítida y transparente como bella
perla de agua, tranquila y armoniosa,
guarda una tenue claridad de estrella
y un aparente languidez de rosa.

   En su fulgir sereno tiene aquella
suavidad del lucero, que en la hermosa
placidez de la noche, se querella
con la fuente, que mana temblorosa.

   Tal es de blanca, pura y transparente,
una gota de lágrima doliente
sobre el cáliz de un lirio derramada.

   El llanto que tus ojos atesoran
piedras de luna son, que se evaporan
al rodar por tu faz anacarada.