   Finge una verde rosa peregrina
prendida de tus dedos armoniosos,
que tienen la apariencia, blanca y fina,
de una manojo de lirios temblorosos.

   Es de un glauco color de ola marina,
y cual los verdes ojos misteriosos
de la serpiente, es verde que fascina
con sus claros reflejos luminosos.

   Tus pupilas poseen su verde vivo,
aunque es el de tus ojos más lascivo
y tiene vagas luces temblorosas.

   Mas tus ojos, así, se me figuran
dos verdes esmeraldas que fulguran
sobre dormidas aguas azulosas.