   Es de un vivo color verde amarillo
de hojas secas o pálido alabastro,
y, así, radiante, el derramar su brillo,
fulge en tu dedo, cual pequeño astro.

   Su luz, que vierte un fúlgido tesoro,
en uno solo dos colores funde:
el de la rosa y el jazmín de oro
que en sus facetas de cristal difunde.

   Los áureos nimbos, que en doradas huellas,
tiemblan sobre los lirios ideales,
son luminosas crisolitas bellas.

   Y son, también, radiante crisolitas,
los tranquilos reflejos boreales
del Polo, entre las nieves infinitas.