   Es de un vivo matiz de roja flama,
como fresa en sazón que se madura;
si se mira a través finge una llama,
o una gota de sangre, que fulgura.

   Su reflejo de oro, se derrama,
con tonos de carmín, por tu blancura,
sobre la cual, en armoniosa gama,
como en nieve, diluye su luz pura.

   Cuando a tus dedos de marfil lo engarzas,
tus dedos blancos son alas de garzas
opresas entre fúlgida sortija.

   Y si lo prendes en tu blusa floja,
pienso que un ascua, calcinante y roja,
te quema el cuello con su llama fija.