   No hay pupila letal ni negra yema
que se compare a tu negror intenso;
si lo miro sobre tu dedo, pienso
que la noche en tu dedo se ha hecho gema.

   Es pupila de esfinge alucinante,
donde un hondo misterio se columbra,
y al par que es negro nítido, relumbra
lleno de luz, lo mismo que un diamante.

   Una de tus pupilas lo he creído,
porque en el fulgurar de tus miradas,
sombra con luz, a un tiempo se han fundido;

   y porque en su negror de gema fina,
igual que en tus pupilas encantadas,
miro el mismo misterio que fascina.