   Azul cual tus pupilas luminosas,
copia, en su transparencia cristalina,
el claro azul del cielo, en temblorosas
y delicadas luces peregrinas.

   Si te vistes de azules terciopelos
tu cuerpo es un zafiro luminoso,
que labrara, entre líricos desvelos,
algún extraño orfebre caprichoso.

   El zafiro diluye en las tranquilas
y temblorosas aguas de los lagos
su limpio azul, cual el de tus pupilas.

   Y en el cobalto de azulada gama,
y en los cielos románticos y vagos,
como en tus ojos, su matiz derrama.